
(Vidas para leerlas de Guillermo Cabrera Infante, 1998)
La primera vez que vi a Lorenzo Trapella fue la última. Matteo, su primo me lo presentó. Matteo y yo teniamos una cena pendiente desde hacía tiempo, yo no tenía muchas ganas de salir porque hacía frío, pero como es mi mejor amigo accedí. Nos encontramos en la Plaza San Martín donde Lorenzo nos dio el alcance. Caminamos por todo el centro de Lima, Lorenzo parecía difrutar particularmente la noche. Horas después nos despedimos y Lorenzo se fue como vino. Matteo olvidó entregarle sus llaves así que fuimos a buscarlo. Lo encontramos estacionado en una esquina, Lorenzo parecía dormir al volante de su auto. Cuando nos acercamos nos dimos cuenta que en realidad estaba muerto.


No hay comentarios:
Publicar un comentario