
(Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez)
El día que lo iban a fusilar, Roberto Gálvez se despertó a las 4 de la mañana para esperar el alba y con ella a las autoridades. La noche anterior soñó que volaba con un parapente sobre la cordillera negra y mientras tanto el sol resplandecía, fue un sueño maravilloso, lo que siempre quiso hacer, al despertar se sintió completamente mojado. "sufría de vertigo", me dijo Giovanna Díaz, su madre, recordando aquel viernes de verano de 12 años atrás.


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