jueves, 17 de diciembre de 2009

Crousillat Vs. Perú

"Los malos si se salen con la suya"

Estrategia política o pura casualidad?

Como decía una canción de Wilfrido Vargas allá por los 90's "CON LA PLATA BAILA EL MONO", frase nada menos que acertada para el ex Director General de America Televisión Jose Enrique Crousillat.
A quién no le encantaría tener en su cuenta bancaria 69 millones de soles?, en lo particular me iría a una playa lejana y me perdería para siempre. Pero no. Estamos hablando una vez más de jugar y robar a los peruanos, tanto, son unos cholitos ignorantes recién bajaditos que todas se las creen.
Ocho años son mucho, porqué?, si el pobre Crousillat no hizo nada. Simplemente vendió toda la linea editorial al Régimen Fujimorista.
Ahora él está enfermo, los últimos 2 años se los pasó entrando y saliendo de una clinica y otra. Y resulta que todo el dinero que "Vladi" le regaló desapareció como por arte de mágia. Dinero que obviamente le pertenece a todos los bajaditos ignorantes de los peruanos. Osea a nosotros. Deuda que asciende a 149 millones de soles (80 como reparación civil y los 69 otorgados por Montesinos).

Por su parte, nuestro Presidente García sostiene que el indulto concedido es sólo por razones humanitarias. Pero, quisiera añadir que si por enfermedad van a indultar a todos los reos, pues entonces es mejor que se ahorren los procesos y transmisiones circenses que aumentan sólo los bolsillos de los medios y de los abogados. Déjenlos en libertad y punto. No los procesen en vano. Repito, en nuestro gobierno "CON LA PLATA BAILA EL MONO".
Última idea, demás está decir que el peruano es olvidadizo y masoquista, pero nosotros estamos aqui para hacer recordar las cifras y el descaro de nuestro querido corrupto Crousillat.

martes, 3 de noviembre de 2009

PA BAILAR

a quien madruga Dios lo ayuda




las palabras van al aire
las lágrimas al mar
pero el amor cuando muere
envenena donde va


de mi corazón
un pedacito tu tienes...

UN POCO DE SALSA



De esos que veo por ahi
que deambulan como zombies
que no tienen temas de conversación
que te miran de pies a cabeza
sin mirar que dentro de sus cabezas
solo existe aserrín

lunes, 2 de noviembre de 2009

WAITING EN VANO




NO QUIERO ESPERAR MÁS...
NO SOY UN JUGUETE DE TU VOLUNTAD...
SÉ MUY BIEN COMO QUIERO ACTUAR...

Esta canción me encanta, la original es de un grande, el grande del reggae "BOB MARLEY" y como lo reggae, lo chicha y lo efímero me encanta les regalo la versión en español, la versión de los cafres, que he bailado y cantado, y porqué no, vivido!

POR LAS AZOTEAS - JULIO RAMÓN RIBEYRO


A los diez años yo era el monarca de las azoteas y gobernaba pacíficamente mi reino de objetos destruidos. Las azoteas eran los recintos aéreos donde las personas mayores enviaban las cosas que no servían para nada: se encontraban allí sillas cojas, colchones despanzurrados, maceteros rajados, cocinas de carbón, muchos otros objetos que llevaban una vida purgativa, a medio camino entre el uso póstumo y el olvido. Entre todos estos trastos yo erraba omnipotente, ejerciendo la potestad que me fue negada en los bajos. Podía ahora pintar bigotes en el retrato del abuelo, calzar las viejas botas paternales o blandir como una jabalina la escoba que perdió su paja. Nada me estaba vedado: podía construir y destruir y con la misma libertad con que insuflaba vida a las pelotas de jebe reventadas, presidía la ejecuci6n capital de los maniquís. Mi reino, al principio, se limitaba al techo de mi casa, pero poco a poco, gracias a valerosas conquistas, fui extendiendo sus fronteras por las azoteas vecinas. De estas largas campanas, que no iban sin peligros –pues había que salvar vallas o saltar corredores abismales– regresaba siempre enriquecido con algún objeto que se añadía a mi tesoro o con algún rasguño que acrecentaba mi heroísmo. La presencia esporádica de alguna sirvienta que tendía ropa o de algún obrero que reparaba una chimenea, no me causaba ninguna inquietud pues yo estaba afincado soberanamente en una tierra en la cual ellos eran solo nómades o poblaciones trashumantes. En los linderos de mi gobierno, sin embargo, había una zona inexplorada que siempre despertó mi codicia. Varias veces había llegado hasta sus inmediaciones pero una alta empalizada de tablas puntiagudas me impedía seguir adelante. Yo no podía resignarme a que este accidente natural pusiera un límite a mis planes de expansión. A comienzos del verano decidí lanzarme al asalto de la tierra desconocida. Arrastrando de techo en techo un velador desquiciado y un perchero vetusto, llegué al borde de la empalizada y construí una alta torre. Encaramándome en ella, logre pasar la cabeza. Al principio solo distinguí una azotea cuadrangular, partida al medio por una larga farola. Pero cuando me disponía a saltar en esa tierra nueva, divisé a un hombre sentado en una perezosa. El hombre parecía dormir. Su cabeza caía sobre su hombro y sus ojos, sombreados por un amplio sombrero de paja, estaban cerrados.. Su rostro mostraba una barba descuidada, crecida casi por distracción, como la barba de los náufragos. Probablemente hice algún ruido pues el hombre enderezó la cabeza y quedo mirándome perplejo. El gesto que hizo con la mano lo interpreté como un signo de desalojo, y dando un salto me alejé a la carrera. Durante los días siguientes pasé el tiempo en mi azotea fortificando sus defensas, poniendo a buen recaudo mis tesoros, preparándome para lo que yo imaginaba que sería una guerra sangrienta. Me veía ya invadido por el hombre barbudo; saqueado, expulsado al atroz mundo de los bajos, donde todo era obediencia, manteles blancos, tías escrutadoras y despiadadas cortinas. Pero en los techos reinaba la calma más grande y en vano pasé horas atrincherado, vigilando la lenta ronda de los gatos o, de vez en cuando, el derrumbe de alguna cometa de papel. En vista de ello decidí efectuar una salida para cerciorarme con qué clase de enemigo tenía que vérmelas, si se trataba realmente de un usurpador o de algún fugitivo que pedía tan solo derecho de asilo. Armado hasta los dientes, me aventuré fuera de mi fortín y poco a poco fui avanzando hacia la empalizada. En lugar de escalar la torre, contorneé la valla de maderas, buscando un agujero. Por entre la juntura de dos tablas apliqué el ojo y observé: el hombre seguía en la perezosa, con templando sus largas manos trasparentes o lanzando de cuando en cuando una mirada hacia el cielo, para seguir el paso de las nubes viajeras. Yo hubiera pasado toda la mañana allí, entregado con delicia al espionaje, si es que el hombre, después de girar la cabeza no quedara mirando fijamente el agujero. –Pasa –dijo haciéndome una sena con la mano–. Ya se que estas allí. Vamos a conversar. Esta invitación, si no equivalía a una rendición incondicional, revelaba al menos el deseo de parlamentar. Asegurando bien mis armamentos, trepé por el perchero y salté al otro lado de la empalizada. El hombre me miraba sonriente. Sacando un pañuelo blanco del bolsillo –¿era un signo de paz?– se enjugó la frente. –Hace rato que estas allí –dijo–. Tengo un oído muy fino. Nada se me escapa... ¡Este calor! –¿Quién eres tú? –le pregunté.

–Yo soy el rey de la azotea– me respondió. –¡No puede, ser! –protesté– El rey de la azotea soy yo. Todos los techos son míos. Desde que empezaron las vacaciones paso todo el tiempo en ellos. Si no vine antes por aquí fue porque estaba muy ocupado por otro sitio. –No importa –dijo–. Tú serás el rey durante el día y yo durante la noche. –No –respondí–. Yo también reinaré durante la noche. Tengo una linterna. Cuando todos estén dormidos, caminaré por los techos, –Está bien –me dijo–. ¡Reinarás también por la noche! Te regalo las azoteas pero déjame al menos ser el rey de los gatos. Su propuesta me pareció aceptable. Mentalmente lo convertía ya en una especie de pastor o domador de mis rebaños salvajes. –Bueno, te dejo los gatos. Y las gallinas de la casa de al lado, si quieres. Pero todo lo demás es mío. –Acordado –me dijo–. Acércate ahora. Te voy a contar un cuento. Tú tienes cara de persona que le gustan los cuentos. ¿No es verdad? Escucha, pues: «Había una vez un hombre que sabia algo. Por esta razón lo colocaron en un pulpito. Después lo metieron en una cárcel. Después lo internaron en un manicomio. Después lo encerraron en un hospital. Después lo pusieron en un altar. Después quisieron colgarlo de una horca. Cansado, el hombre dijo que no sabía nada. Y so10 entonces lo dejaron en paz». Al decir esto, se echó a reír con una risa tan fuerte que terminó por ahogarse. Al ver que yo lo miraba sin inmutarme, se puso serio. –No te ha gustado mi cuento –dijo–. Te voy a contar otro, otro mucho mas fácil: «Había una vez un famoso imitador de circo que se llamaba Max. Con unas alas falsas y un pico de cartón, salía al ruedo y comenzaba a dar de saltos y a piar. ¡El avestruz! decía la gente, señalándolo, y se moría de risa. Su imitación del avestruz lo hizo famoso en todo el mundo. Durante anos repitió su número, haciendo gozar a los niños y a los ancianos. Pero a medida que pasaba el tiempo, Max se iba volviendo más triste y en el momento de morir llamó a sus amigos a su cabecera y les dijo: Voy a revelarles un secreto. Nunca he querido imitar al avestruz, siempre he querido imitar al canario». Esta vez el hombre no rio sino que quedó pensativo, mirándome con sus ojos indagadores. –¿Quién eres tú? –le volví a preguntar– ¡No me habrás engañado? ¿Por qué estás todo el día sentado aquí? ¿Por qué llevas barba? ¿Tú no trabajas? ¿Eres un vago? –¡Demasiadas preguntas! –me respondió, alargando un brazo, con la palma vuelta hacia mí– Otro día te responderé. Ahora vete, vete por favor. ¿Por qué no regresas mañana? Mira el sol, es como un ojo… ¿lo ves? Como un ojo irritado. EI ojo del infierno. Yo miré hacia lo alto y vi solo un disco furioso que me encegueció. Caminé, vacilando, hasta la empalizada y cuando la salvaba, distinguí al hombre que se inclinaba sobre sus rodillas y se cubría la cara con su sombrero de paja. Al día siguiente regresé. –Te estaba esperando –me dijo el hombre–. Me aburro, he leído ya todos mis libros y no tengo nada qué hacer. En lugar de acercarme a él, que extendía una mano amigable, lancé una mirada codiciosa hacia un amontonamiento de objetos que se distinguía al otro lado de la farola. Vi una cama desarmada, una pila de botellas vacías. –Ah, ya sé –dijo el hombre–. Tú vienes solamente por los trastos. Puedes llevarte lo que quieras. Lo que hay en la azotea –añadió con amargura– no sirve para nada. –No vengo por los trastos –le respondí–. Tengo bastantes, tengo más que todo el mundo. –Entonces escucha lo que te voy a decir: el verano es un dios que no me quiere. A mí me gustan las ciudades frías, las que tienen allá arriba una compuerta y dejan caer sus aguas. Pero en Lima nunca llueve o cae tan pequeño rocío que apenas mata el polvo. ¿Por qué no inventamos algo para protegernos del sol? –Una sombrilla –le dije–, una sombrilla enorme que tape toda la ciudad. –Eso es, una sombrilla que tenga un gran mástil, como el de la carpa de un circo y que pueda desplegarse desde el suelo, con una soga, como se iza una bandera. Así estaríamos todos para siempre en la sombra. Y no sufriríamos.

Cuando dijo esto me di cuenta que estaba todo mojado, que la transpiración corría por sus barbas y humedecía sus manos. –¿Sabes por qué estaban tan contentos los portapliegos de la oficina? –me pregunto de pronto– Porque les habían dado un uniforme nuevo, con galones. Ellos creían haber cambiado de destino, cuando solo se habían mudado de traje. –¿La construiremos de tela o de papel? –le pregunté. El hombre quedo mirándome sin entenderme. –¡Ah, la sombrilla! –exclamó– La haremos mejor de piel, ¿qué te parece? De piel humana. Cada cual dará una oreja o un dedo. Y al que no quiera dárnoslo, se lo arrancaremos con una tenaza. Yo me eche a reír. El hombre me imitó. Yo me reía de su risa y no tanto de lo que había imaginado –que le arrancaba a mi profesora la oreja con un alicate– cuando el hombre se contuvo. –Es bueno reír –dijo–, pero siempre sin olvidar algunas cosas: por ejemplo, que hasta las bocas de los niños se llenarían de larvas y que la casa del maestro será convertida en cabaret por sus discípulos. A partir de entonces iba a visitar todas las mañanas al hombre de la perezosa. Abandonando mi reserva, comencé a abrumarlo con toda clase de mentiras e invenciones. Él me escuchaba con atención, me interrumpía solo para darme crédito y alentaba con pasión todas mis fantasías. La sombrilla había dejado de preocuparnos y ahora ideábamos unos zapatos para andar sobre el mar, unos patines para aligerar la fatiga de las tortugas. A pesar de nuestras largas conversaciones, sin embargo, yo sabía poco o nada de él. Cada vez que lo interrogaba sobre su persona, me daba respuestas disparatadas u oscuras: –Ya te lo he dicho: yo soy el rey de los gatos. ¿Nunca has subido de noche? Si vienes alguna vez verás cómo me crece un rabo, cómo se afilan mis uñas, cómo se encienden mis ojos y cómo todos los gatos de los alrededores vienen en procesión para hacerme reverencias. O decía: –Yo soy eso, sencillamente, eso y nada más, nunca lo olvides: un trasto. Otro día me dijo: –Yo soy como ese hombre que después de diez años de muerto resucitó y regresó a su casa envuelto en su mortaja. Al principio, sus familiares se asustaron y huyeron de él. Luego se hicieron los que no lo reconocían. Luego lo admitieron pero haciéndole ver que ya no tenía sitio en la mesa ni lecho donde dormir. Luego lo expulsaron al jardín, después al camino, después al otro lado de la ciudad. Pero como el hombre siempre tendía a regresar, todos se pusieron de acuerdo y lo asesinaron. A mediados del verano, el calor se hizo insoportable. El sol derretía el asfalto de las pistas, donde los saltamontes quedaban atrapados. Por todo sitio se respiraba brutalidad y pereza. Yo iba por las mañanas a la playa en los tranvías atestados, llegaba a casa arenoso y famélico y después de almorzar subía a la azotea para visitar al hombre de la perezosa. Este había instalado un parasol al lado de su sillona y se abanicaba con una hoja de periódico. Sus mejillas se habían ahuecado y, sin su locuacidad de antes, permanecía silencioso, agrio, lanzando miradas coléricas al cielo. –¡El sol, el sol! –repetía–. Pasará él o pasaré yo. ¡Si pudiéramos derribarlo con una escopeta de corcho! Una de esas tardes me recibió muy inquieto. A un lado de su sillona tenía una caja de cartón. Apenas me vio, extrajo de ella una bolsa con fruta y una botella de limonada. –Hoy es mi santo –dijo–. Vamos a festejarlo. ¿Sabes lo que es tener treinta y tres años? Conocer de las cosas el nombre, de los países el mapa. Y todo por algo infinitamente pequeño, tan pequeño –que la uña de mi dedo meñique sería un mundo a su lado. Pero ¿no decía un escritor famoso que las cosas más pequeñas son las que más nos atormentan, como, por ejemplo, los botones de la camisa? Ese día me estuvo hablando hasta tarde, hasta que el sol de brujas encendió los cristales de las farolas y crecieron largas sombras detrás de cada ventana teatina. Cuando me retiraba, el hombre me dijo: –Pronto terminarán las vacaciones. Entonces, ya no vendrás a verme. Pero no importa, porque ya habrán llegado las primeras lloviznas.

En efecto, las vacaciones terminaban. Los muchachos vivíamos ávidamente esos últimos días calurosos, sintiendo ya en lontananza un olor a tinta, a maestro, a cuadernos nuevos. Yo andaba oprimido por las azoteas, inspeccionando tanto espacio conquistado en vano, sabiendo que se iba a pique mi verano, mi nave de oro cargada de riquezas. El hombre de la perezosa parecía consumirse. Bajo su parasol, lo veía cobrizo, mudo, observando con ansiedad el último asalto del calor, que hacia arder la torta de los techos. –¡Todavía dura! –decía señalando el cielo– ¿No te parece una maldad? Ah, las ciudades frías, las ventosas. Canícula, palabra fea, palabra que recuerda a un arma, a un cuchillo. Al día siguiente me entregó un libro: –Lo leerás cuando no puedas subir. Así te acordarás de tu amigo... de este largo verano. Era un libro con grabados azules, donde había un personaje que se llamaba Rogelio. Mi madre lo descubrió en el velador. Yo le dije que me lo había regalado «el hombre de la perezosa». Ella indagó, averiguó y cogiendo el libro con un papel, fue corriendo a arrojarlo a la basura. –¿Por qué no me habías dicho que hablabas con ese hombre? ¡Ya verás esta noche cuando venga tu papá! Nunca más subirás a la azotea. Esa noche mi papa me dijo: –Ese hombre está marcado. Te prohíbo que vuelvas a verlo. Nunca más subirás a la azotea. Mi mama comenzó a vigilar la escalera que llevaba a los techos. Yo andaba asustado por los corredores de mi casa, por las atroces alcobas, me dejaba caer en las sillas, miraba hasta la extenuación el empapelado del comedor –una manzana, un plátano, repetidos hasta el infinito– u hojeaba los álbumes llenos de parientes muertos. Pero mi oído solo estaba atento a los rumores del techo, donde los últimos días dorados me aguardaban. Y mi amigo en ellos, solitario entre los trastos. Se abrieron las clases en días aun ardientes. Las ocupaciones del colegio me distrajeron. Pasaba mañanas interminables en mi pupitre, aprendiendo los nombres de los catorce incas y dibujando el mapa del Perú con mis lápices de cera. Me parecían lejanas las vacaciones, ajenas a mí, como leídas en un almanaque viejo. Una tarde, el patio de recreo se ensombreció, una brisa fría barrió el aire caldeado y pronto la garúa comenzó a resonar sobre las palmeras. Era la primera lluvia de otoño. De inmediato me acordé de mi amigo, lo vi, lo vi jubiloso recibiendo con las manos abiertas esa agua caída del cielo que lavaría su piel, su corazón. Al llegar a casa estaba resuelto a hacerle una visita. Burlando la vigilancia materna, subí a los techos. A esa hora, bajo ese tiempo gris, todo parecía distinto. En los cordeles, la ropa olvidada se mecía y respiraba en la penumbra, y contra las farolas los maniquís parecían cuerpos mutilados. Yo atravesé, angustiado, mis dominios y a través de barandas y tragaluces llegué a la empalizada. Encaramándome en el perchero, me asomé al otro lado. Solo vi un cuadrilátero de tierra humedecida. La sillona, desarmada, reposaba contra el somier oxidado de un catre. Caminé un rato por ese reducto frío, tratando de encontrar una pista, un indicio de su antigua palpitación. Cerca de la sillona había una escupidera de loza. Por la larga farola, en cambio, subía la luz, el rumor de la vida. Asomándome a sus cristales vi el interior de la casa de mi amigo, un corredor de losetas por donde hombres vestidos de luto circulaban pensativos. Entonces comprendí que la lluvia había llegado demasiado tarde.



comentario....
un amigo muy apreciado me aconsejó leerlo...porque dice que yo le hago recordar a este cuento, por mi fantasía y mi imaginación...lo leeré y volveré a leerlo...veamos si tien razón!

martes, 20 de octubre de 2009

AL ZAMBO!!!



Hoy estaba llendo a visitar a mi abuela y en la radio escuche esta camción, por que no rendirle un pequeño homenaje a nuestro querido "Zambo" Cavero.
Puedo agregar que me hizo recordar a alguien!!

YO NO ELEGÍ NACER


Este post por si acaso no es una apología al aborto, es una apología a la vida y al libre albedrío de elegir y decidir por nuestras vidas y nuestro cuerpo.
Hablo como mujer fértil, responsable de mis actos y decisiones. No creo justo el hecho de no poder elegir libremente si quiero o no traer al mundo a un nuevo ser.
Quienes son los demás (Gobierno o la Iglesia Católica) para decidir sobre mi cuerpo, si tengo o no que llevar en mi vientre un feto que no desee o no programé, un embarazo que fue producto de una violación? Quién soy yo para dar a luz un niño que no decidió existir?.
Tengo muchas amigas, muchas voces y muchas conocidas que hoy son madres o desean serlo, que al igual que yo en algún momento se han cuestionado si el aborto es una elección o un pecado.
Nadie es quien para decidir sobre la vida del otro, pero cuando se trata de algo tan importante como un hijo, es absolutamente difícil y delicado tomar una posición definida.
Si hablamos de países más desarrollados que el nuestro, y sin ir muy lejos, en Europa-España, Italia, países regidos por una fuerte influencia católica- el aborto es permitido dentro de un plazo no mayor a los 3 meses de gestación, lo practican en los hospitales y es gratuito. Con esto no quiero decir que estoy a favor, tampoco en contra, es sin duda una alternativa para disminuir las estadísticas de hijos abandonados por padres (madres) irresponsables, niños que crecen bajo condiciones precarias.
Definitivamente se debería empezar a educar a la gente, a los niños-que serán el futuro del país-desde el punto de vista sexual, enseñarles que el sexo no es un pecado. El sexo para mi, es sinónimo de responsabilidad y por ende prevención (osaría hablar de un RPP = Responsabilidad, Prevención y Placer).
Evitemos embarazos no deseados y abortos con la prevención, además de las enfermedades venéreas.

Recuerden que para que cambie el país/sistema, tenemos que empezar por nosotros mismos.

viernes, 16 de octubre de 2009

LA SENTENCIA


Fujimori, una vez màs acusado de violar los derechos humanos, de robo y corrupciòn aceptò sin objetar la sentencia a 6 anos de càrcel.
Este proceso deberìa servir de ejemplo para los demàs ciudadanos y sobretodo para los futuros gobernantes, sobre lo que no se deberìa hacer, lo que significarìa no robar, no matar y no corromper a las autoridades.
Es evidente que Fujimori no quiso someterse al juicio oral de la corte, evitando asì que èsta elencase sus delitos cometidos, para prevenir que la opiniòn pùblica peruana recuerde sus crìmenes y la campana polìtica de su hija junto a sus seguidores, siga en aumento.

NOS RESERVAMOS EL DERECHO DE ADMISION


El profundo sentimiento de inferioridad que agobia al peruano hace que entre nosotros mismos nos cerremos las puertas. La negaciòn de la raza o del no tener un apellido importante nos limita y no nos permite sentirnos orgullosos de la herencia y del legado cultural. De lo que en realidad esconde la frase "SOY PERUANO".
Ser peruano quiere decir muchas cosas màs que un ceviche, una plato tìpico o una canciòn folklòrica. querramos o no, como dice la canciòn "QUIEN NO TIENE INGA, TIENE DE MANDINGA".
Quien no ha escuchado alguna vez que a un conocido no lo han dejado entrar a un local o que lo han mirado con cara de pocos amigos por el color de su piel o su actuendo. Esto lamentablemente sucede en todo el mundo y a cada rato, pero entre nosotros mismos, es el colmo. Que podemos pretender entonces de cuando salimos del paìs si entre nosotros mismos nos decimos "NOS RESERVAMOS EL DERECHO DE ADMISION".

UN ARMA DE DOBLE FILO


EL PERIODISMO, LA MAS NOBLE DE LAS PROFESIONES Y/O EL MAS VIL DE LOS OFICIOS.


Cada vez que enciendo la television, la radio o la computadora, cada vez que cojo un periòdico entre mis manos me tropiezo con una barbaridad, con una tragedia. Y es que la noticia de hoy es asì, no hay noticia buena o mala, hay pero sì, un mal enfoque periodìstico.

Yo, como futura periodìsta y aspirante escritora me siento culpable de lo que sucede, porque pertenesco a la masa y formo parte de esta sociedad semi basura que no conoce de cultura ni de sentido comùn. Parece que el morbo y el sensacionalismo son el pan cotidiano de todos los receptores. Parece que el ver sangre en un titular sea necesario para llamar la atenciòn de un transeunte frente a un kiosco de periòdicos. Es que acaso no podemos hablar tambien de arte, literatura y cultura?

A veces me detengo a pensar que casi nunca escribo de polìtica o de actualidad, prefiero temas como la pasiòn, el sexo, la mùsica o el amor, quizàs porque sòlo en temas como esos encuentro un modo de huir de la realidad gris y sangrienta que me rodea.
Creo que la labor de los nuevos y futuros periodìstas deberìa ser la de limpiar nuestra imagen, contribuyendo con el progreso de nuestra sociedad. Somos y seremos siempre la parte màs influyente de la opiniòn pùblica y como tales deberìamos dar el ejemplo incentivando la literatura, la mùsica, el teatro y todo tipo de expresiòn artìstica. El arte entre otras caracterìsticas influencian a esta noble y manoseada carrera.

domingo, 20 de septiembre de 2009

MI CANCIÓN FAVORITA






Ha sido muy difícil para mí tener que seleccionar una sola, una sola canción que yo pueda llamar mi favorita, tengo tantas, todas y cada una de las canciones que elencare a continuación han donado a mi vida un capítulo protagonista, cada una de ellas es un recuerdo y un suspiro, una emoción y un pasaje de vida, cada una de ellas tiene un nombre y apellido, un pasado y mil de ellos, porque no solo para mí han representado algo, detrás de la música se esconde una historia, una coyuntura social y emotiva, una lágrima, una sonrisa y una amargura.
Cada una de las notas musicales y de las palabras de cada interprete suenan en mi memoria regalandome una vez más lo que algún día fue una vivencia.
He pasado 4 días dándole vuelta al asunto, tratando de encontrar la mejor, la más bonita y no he logrado llegar a una conclusión, asi que publico la que me ha impactado de reciente, sin olvidar a mis clasicas bandas como The Beatles, Queen, Sinatra, The Beach Boys, Elton John, Joe Cocker, The Eagles, The Rolling Stones, Bob Dylan, David Bowie, The Doors, Sting, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Led Zeppelin, Cat Stevens, The Police, The Clash, Santana, The cure...a mis más actuales pero no menos importantes como Radiohead, Portishead, A perfect circle, Depeche mode, The Killers, The strokes, Lou Reed, mi legendario Bob Marley, Pearl Jam, UB40, REM, Blondie, Oasis, Blink 182, Foo Fighters, U2, Muse, Norah Jones, Massive Attack, Damien Rice, Coldplay, Gun'n'Roses, Nirvana, Aerosmith, Moby, Placebo, Red Hot Chili Peppers, Incubus...no olvidemos a los autores en idioma español como Drexler, Paez, Sabina, Lavoe, Calamaro, Arjona, Pericos, los piratas, García, Pablo Milanés, Mercedes Sosa, manu chao, gondwana, cafres, soda stereo...la lista podria ser interminable y me cansaría de escribir, obviamente olvidando algún grande de la música...
Han dejado en mi sin duda huellas, que dificilmente se borraran, han sido testigo de cada una de mis aventuras y me han acompanado en mi soledad, en mis momentos de ocio y de inspiración. Cada nota musical me pertenece y agradezco infinitamente tal pedido a Eloy, mi profesor, porque una vez más me exhortó a meditar sobre el valor que tiene la musica en mi vida.
Ha sido una dura tarea elegir una. Todas y cada una de estas canciones es genial para mí.

Pequena lista de las mejores:
 All my loving – The Beatles
 Moon river – Frank sinatra
 Strawberry fields forever – The Beatles
 Cucurrucucu paloma – Caetano Veloso
 Perfect day – Lou reed
 Karma Police – Radiohead
 Enjoy the silence – Depeche mode
 Invisible – Muse
 Waiting in vain – Bob Marley
 One love – Bob Marley
 Redemption song – Bob Marley
 You are so beautiful – Joe Cocker
 Don't know why – Norah Jones
 Todo se transforma – Jorge Drexler
 Te quiero igual – Andrés Calamaro
 One – U2
 Runaway – Los pericos
 3 libras – A perfect circle
 Light my fire – The doors

EL PISAPAPELES DE MI ABUELO


EL PISAPAPELES

Un joven escritor en el segundo piso de su casa en Miraflores intentaba terminar su novela, eran aproximadamente las 11 pm cuando de pronto siente maullar un gato que lo perturba y le corta la inspiración. A los pocos minutos el gato se calla y luego vuelve a interrumpirlo. En un rapto de locura, el joven coge lo primero que encuentra en su escritorio, un pisapapeles que le había regalado su abuelo y lo lanza por la ventana en dirección a la azotea contigua donde se hallaba el gato. Solo asi el gato dejó de disturbarlo. En silencio y con más calma logró terminar su novela.

Al despertar, recuerda lo sucedido la noche anterior y se precipita donde sus vecinos para recuperar su pisapapeles. Busca y busca hasta el mediodia por toda la azotea, no encuentra nada y se retira resignado.

15 años más tarde se encuentra trabajando como escritor en Frank express en París, tenía 35 años y en sus ratos libres le gustaba ir a visitar tiendas de antiguedades. Curioseando una tarde por una de las tiendas encuentra el pisapapeles que le regaló su abuelo, recuerda la historia, la noche y el gato. Se queda inmobil y perplejo. Después de unos instantes se siente observado y nota que un hombre robusto lo estaba vigilando. Se voltea y le pregunta:

 Señor, que hace esto aquí?
 Es el pisapapeles que usted tiró. - Respondió.

TU MALA CANALLADA





TU MALA CANALLADA

Eloy Jauregui, en su columna “Tu mala canallada” nos habla acerca de la herencia que nos ha dejado el gran Ricardo Palma, de los legados hacia el periodismo actual y a la literatura allá por el siglo XIX.
Jauregui hace una apología de lo que para Él debería ser el periodismo y de lo que en su momento Palma, poeta, novelista y creador de la crónica nos quiso enseñar, sin ser entendido. Ese periodismo más completo que busca mezclar literatura, historia, filosofía, entre otros a la coyuntura actual.
Hace una referencia a dos tipos de periodismo: al nuevo periodismo estadounidense nacido de latinoamericanos como José Martí y Rubén Darío y al otro periodismo, ese que no olvida a nuestros hombres de prensa y nuestros maximos exponentes de la literatura peruana como Valdelomar, Mercades Cabello y sobretodo Ricardo Palma.

JUBILADOS DEL CANEVARO



EN EL JUEGO DE LA VIDA


Mientras algunos jubilados jugaban a las cartas en el Hospital Canevaro en el Rímac y escuchaban el noticireo de Radio Programas del Perú, a las 7:10 pm el techo se desplomó, dejando centenares de heridos que hoy se encuentran en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Casimiro Ulloa. Nunca imaginaron mientras oian la radio que horas más tarde ellos mismos harían noticia.

Cuarta espada



LA CUARTA ESPADA

Abimael Guzmán contempla el cielo gris de la capital desde un patio de 10 mt². En la más profunda soledad pasan sus días en el calendario, no tiene familia que lo visite y una vez más se encuentra aislado por una reja que lo separa de los demás reos.
La ironía del destino hace que se encuentre como vecino de celda al creador de esta cárcel, Vladimiro Montesinos, quien se encargo de diseñar, construir y encerrar a tal genocida.
En la actualidad Abimael Guzmán juzga cadena perpetua y a sus 70 años sufre problemas de presión arterial. Solo es visitado por médicos o policias, que son las unicas personas que tienen acceso a lo que hoy es su residencia.
Hace algunos años declaró para un periódico marxista no tener amigos, nunca se conocieron datos sobre su vida privada que no sea ligada al Partido Comunista o a sus ideales sederistas.
A la fecha aún quedan remanentes del senderismo y de lo que algún día fue el PCP (Partido Comunista del Perú), que en su época fue dirigido por Abimael Guzmán “Camarada Gonzalo” y tuvo como sede principal Ayacucho y sus pueblos aledaños, lo que hoy en día es conocido como la zona del VRAE.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

TEXTO 4



(Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez)

El día que lo iban a fusilar, Roberto Gálvez se despertó a las 4 de la mañana para esperar el alba y con ella a las autoridades. La noche anterior soñó que volaba con un parapente sobre la cordillera negra y mientras tanto el sol resplandecía, fue un sueño maravilloso, lo que siempre quiso hacer, al despertar se sintió completamente mojado. "sufría de vertigo", me dijo Giovanna Díaz, su madre, recordando aquel viernes de verano de 12 años atrás.

TEXTO 3


(Pedro Páramo de Juan Rulfo)

Comentario:

El texto de Juan Rulfo nos relata la historia de la promesa de un hijo bastardo que en el lecho de muerte de su madre se compromete a ir a Comala, a conocer a su padre, un hombre llamado Pedro Páramo.

TEXTO 2


(Vidas para leerlas de Guillermo Cabrera Infante, 1998)

La primera vez que vi a Lorenzo Trapella fue la última. Matteo, su primo me lo presentó. Matteo y yo teniamos una cena pendiente desde hacía tiempo, yo no tenía muchas ganas de salir porque hacía frío, pero como es mi mejor amigo accedí. Nos encontramos en la Plaza San Martín donde Lorenzo nos dio el alcance. Caminamos por todo el centro de Lima, Lorenzo parecía difrutar particularmente la noche. Horas después nos despedimos y Lorenzo se fue como vino. Matteo olvidó entregarle sus llaves así que fuimos a buscarlo. Lo encontramos estacionado en una esquina, Lorenzo parecía dormir al volante de su auto. Cuando nos acercamos nos dimos cuenta que en realidad estaba muerto.

TEXTO 1


(La Metamorfosis de Frank Kafka, 1916)

Síntesis:
Frank Kafka en su libro "La metamorfosis" nos presenta al personaje principal Gregorio Samsa, quién una mañana despierta luego de un sueño intranquilo y se ve convertido en un monstruoso insecto.

lunes, 14 de septiembre de 2009

ejercicio 1


Alfredo Crespo fue aceptado por la Sala Penal Nacional Antiterrorismo, que preside Pablo Talavera, como abogado defensor del sanguinario cabecilla terrorista Abimael Guzmán. Esto pese a que Crespo estuvo doce años en prisión condenado por terrorismo debido a sus vínculos con Sendero Luminoso.

Gracias a esta acción, Crespo, que de acuerdo a diversas pruebas recogidas por agenciaperu.com se reconoció como vocero senderista, tiene acceso libre y sin locutorio para comunicarse con quien sería su líder, Abimael Guzmán.

Este abogado fue el presidente de la Asociación de Abogados Democráticos, eufemismo usado para llamar al brazo legal de “Socorro Popular”, el organismo de apoyo de Sendero Luminoso. Por ello, reportaba directamente con la jefa de Socorro Popular, Martha Huatay, una abogada que fue miembro de SL y aún permanece en prisión.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

la casa verde


un libro sin duda muy original, lleno de historias que se entrelazan...que tiene que ver el una con la otra....todos tenemos un Lituma, una Bonifacia, una Selvática, un Aquilino y un Sargento dentro de nosotros, todos tenemos un Don Anselmo y sobretodo cada uno de nosotros es un Inconquistable.